El impacto de los aceites esenciales en el cuerpo

Los aceites esenciales se aplican por vía tópica -en masajes o en combinación con otras técnicas como acupuntura, terapias bio energéticas, etc.-, por vía oral, o inhalados.

Dependiendo del método de aplicación que se elija, el aceite utiliza una ruta principal para su actuación en el cuerpo, ya sea a través de su metabolización en el hígado cuando es ingerido, o a través de la circulación sanguínea si la aplicación es tópica o, finalmente, a través de la interacción con el sistema hipotalámico-endocrino y el sistema límbico, cuando la aplicación es por inhalación. En cada modalidad de aplicación hay una ruta principal y otra secundaria, pero no por ello menos importante; es decir, si ingerimos un aceite esencial, en el momento de la ingesta, nuestro sistema olfativo captará el aroma de dicho aceite. En aplicaciones tópicas, además del efecto olfativo, una parte considerable va a ser absorbido por la piel (como regla general, entre el 13 y el 50% del aceite) y llevado a la corriente sanguínea.

Existe una gran similitud entre las propiedades de los aceites esenciales y la sangre humana. Por ejemplo, combaten infecciones, contienen compuestos parecidos a las hormonas e inician procesos regenerativos. Los aceites esenciales que funcionan como un mecanismo de defensa químico de la planta, poseen potentes propiedades antibacterianas, antifúngicas y antivirales. También protegen contra insectos. La habilidad de algunos aceites para actuar como hormonas contribuye al equilibrio de muchos sistemas fisiológicos del cuerpo humano (por ejemplo, el aceite de la Salvia sclarea tiene un efecto estrogénico).

Los aceites esenciales tienen una capacidad única de penetrar en las membranas celulares y propagarse por la sangre y los tejidos. La estructura única y liposoluble de los aceites esenciales es muy similar a la composición de las membranas celulares. Además, las moléculas de los aceites esenciales son relativamente pequeñas con gran habilidad de penetrar en las células. Cuando se aplican de forma tópica en cualquier parte del cuerpo, los aceites viajan por el organismo en cuestión de minutos.

Algunos aceites esenciales tienen la habilidad de disminuir la viscosidad o densidad sanguínea (clavo, ciprés, salvia esclarea, entre otros) mejorando la circulación y el funcionamiento del sistema inmune. Otros estimulan la secreción de anticuerpos, neurotransmisores, endorfinas, hormonas y enzimas. Los aceites que contienen limoneno, por ejemplo, previenen, retardan y combaten la metástasis de células cancerígenas, por ejemplo el aceite esencial de geranio.

Algunos aceites esenciales, como la lavanda o el abrótano macho estimulan el crecimiento del cabello y aceleran la cicatrización. También aumentan la absorción de oxígeno y ATP (adenosintrifostato, el alimento de la célula). Otro efecto muy importante es la capacidad que tienen para adherirse a metales pesados (efecto quelante) contenidos dentro del organismo y de transportarlos fuera del cuerpo.

Es importante destacar que los aceites esenciales no afectan al equilibrio natural del cuerpo, a su homeostasis. Si un componente del aceite ejerce un efecto muy fuerte, otro es capaz de bloquearlo o contrarrestarlo. Esto no ocurre con los químicos sintéticos, los cuales a menudo provocan efectos secundarios que desestabilizan el equilibrio del cuerpo.

La fragancia de un aceite esencial puede afectar directamente al individuo, desde su estado emocional a su estado físico. Cuando se inhala un aroma, las moléculas volátiles del aceite esencial viajan por la nariz y las membranas olfatorias que están protegidas por las mucosas. Cada molécula de la fragancia se acopla perfectamente al espacio de la célula receptora específica que reviste la membrana del epitelio olfatorio. La membrana de las células nerviosas emite impulsos eléctricos al bulbo olfatorio en el cerebro cuando es estimulada por las moléculas olfativas. Luego, el bulbo olfatorio trasmite estos impulsos al centro gustativo, a la amígdala (centro emocional cerebral) y al resto del sistema límbico (hipocampo, etc.). El sistema límbico está directamente conectado con aquellas partes (hipófisis-hipotálamo) que controlan el ritmo cardíaco, la presión arterial, la respiración, la memoria, los niveles de estrés y el equilibrio hormonal. Los aceites esenciales ejercen efectos psicológicos y fisiológicos profundos.

El olfato es el único sentido que está directamente conectado al lóbulo límbico, centro de control de las emociones. Las sensaciones de miedo, ira, sensación, depresión y placer se originan allí. El aroma de ciertas fragancias puede evocar recuerdos y emociones al estimular la memoria olfativa, donde situaciones se asocian a emociones y aromas. Esto puede suceder a nivel subconsciente. En el caso de los olores, primero reaccionamos y luego pensamos; primero hay una respuesta límbica y después se activa la vía de la corteza cerebral, ya que el lóbulo límbico puede activar directamente el hipotálamo, centro importante de control hormonal. Emite mensajes químicos que afectan todo, desde el deseo sexual hasta los niveles de energía. El hipotálamo comanda la producción de hormona del crecimiento, las sexuales, las tiroideas, las adrenales, y neurotransmisores como la serotonina y dopamina, tan importantes en el control del estado de ánimo.

Los aceites esenciales a través de sus fragancias y estructura molecular estimulan directamente el lóbulo límbico y el hipotálamo. No sólo puede usarse la inhalación de los aceites esenciales para combatir el estrés y el trauma emocional, sino también para estimular la producción de hormonas del hipotálamo. Esto produce un aumento en las hormonas de la tiroides y las adrenales y en las hormonas del crecimiento (hormona de la juventud y longevidad).

Los aceites esenciales pueden regular o reducir el apetito, dada su capacidad para estimular el núcleo ventromedial del tálamo, que regula la sensación de saciedad. Existen estudios que demuestran la eficacia de la menta en este sentido.

El Efecto del aroma para estimular la libido y la excitación sexual a través de la estimulación de la amígdala es ampliamente conocido. Algunas fragancias como el pachuli, ylang ylang o canela son famosas para estos fines. La amígdala es también un centro de la memoria de la respuesta emocional. Por eso es el lugar donde se almacenan y, por tanto, donde se liberan los traumas emocionales. Se han realizado diferentes investigaciones que demuestran que los aromas ejercen un efecto profundo en la estimulación de respuestas de la amígdala.

Advertencia: la aplicación de aceites esenciales por vía oral sólo debe hacerce bajo el estricto control de un aromaterapéuta diplomado.

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